miércoles, 1 de diciembre de 2010

Una luminosa clase a oscuras


Como todos los días de semana Nibaldo sale de casa  a las 7 am para llegar  a Santiago centro,  desde su comuna Padre Hurtado, cruzando como casi siempre media ciudad  para alcanzar sus clases  por un mes, a menos de una cuadra de la estación de metro Plaza de armas, en la calle del frente, osea Paseo Puente.
La gente que trabaja en oficinas, negocios cercanos y comerciantes ambulantes allí se preguntan que pasa en el edificio Plaza Real, que  por qué frecuentan desde hace un par de semanas tantos cieguitos y cieguitas por ahí...
Es algo  difícil describir que se siente mirar un lote de 30 novidentes aproximadamente, muy alegres  andando medios desparramados y tanteando con sus ruidosos bastones como si nada por  el hol del edificio en cuestión y no asustarse un poco al ver que estan como a punto de venirte encima en masa o que van a entrar a tu sala por equivocación.....
Los y las había de todas las edades; portes y contexturas físicas; voces y personalidades; de distintas comunas y estratos socio-culturales; diferentes enfermedades o causales de su ceguera completa o parcial; unos más independientes y seguros, otros más dependientes e inseguros. En general bastante bulliciosos y buenos para la conversa y unos cuantos algo más silenciosos e introvertidos como Nibaldo...
Como se darán cuenta  no todos los invidentes son iguales, tienen diferentes historias de vida. Y por lo tanto, variadas maneras de actuar y reaccionar, no son subseres sin identidad ni  carácter repetidos como muchos creen...
Eso si, casi todos desarrollan alguna gracia, talento o virtud en particular y bien marcada, es decir por ejemplo: invidentes músicos; artistas; negociantes; parlanchínes; increíble memoria; geniales Hackers (si, aunque parezca  no cierto, también los hay ciegos); con ángel o carisma destacado; etc. Es raro conocer un novidente fome o sin ninguna  característica en especial..
El joven ciego de nuestro relato es parte también del grupo ya descrito y poco le importa que lo observen a veces con espanto o molestia cuando esta a punto de estrellarte...
Se sentía contento de ser parte de ese curso de Informática avanzada para invidentes seleccionados. Y aunque era un buen resto más  tímido que sus pares, ya se había hecho un par de amigos.
La profe también era novidente, pero de esas super ciegas como le llaman ellos mismos, osea de esas que andan sin bastón o guía por la sala y el piso seis sin casi chocar, con una audición biónica que escuchaba por completo hasta los murmullos y una excelente orientación, a diferencia de la mayoría que no se orientaban tan bien por el espacio físico. Quizás por la coincidencia que la mitad del curso llevaba tan sólo un par de años de discapacidad visual.
La ayudante vidente de Marianela (asi le llaman entre ellos a la persona que  puede ver...) que impartía las clases con los computadores y Note Books parlantes se llamaba Millarayy desde un primer instante  le llamo la atención aquel muchacho alto de ojos azulados, de mirada perfecta... Que  no parecía ciego, osea como si pudiera mirar todavía...
Durante el transcurso de las clases era escaso los momentos de poder hablar mucho ó conocerse en profundidad, ya que  la intensidad del curso era bastante denso, pero aun asi, Millaray y Nibaldo parecían charlar sin siquiera pronunciar palabras...
Era como si la telepatía fluyera natural entre ellos dos y nadie más.
Tampoco nadie podría imaginar en que terminaría  aquella istoria entrelazada de esos enamorados a primera vista y primer oído.


Autor: Poemi Carolina

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